jueves, 14 de octubre de 2010

el trastono de pánico.

Este curioso trastorno ha crecido sobremanera esta última década, tanto es así que bien merece una descripción, tanto fenomenológica como de su manera de pensar, tan peculiar por cierto.

Comencemos con la palabra pánico: deriva del dios Pan, de la mitología griega, era mitad niño y mitad cabra, y daba un grito que paralizaba de terror al que lo escuchara.

En sentido coloquial pánico quiere decir extremo miedo –y créanme que corresponde a lo que ocurre- pero psiquiátricamente quiere decir miedo a un peligro interno del cuerpo –a diferencia de la fobia, que le teme a algo exterior al cuerpo: cucarachas, aviones, perros, etc.- ¿Cuál es el peligro interno? Básicamente los siguientes: a morir (de un infarto o un ataque cerebral) a volverse loco, a ‘perder el control’, o bien a desplomarse.

El cuadro consiste en la aparición brusca de ciertas sensaciones corporales, inocuas, pero que el paciente interpreta de modo catastrófico, es decir, como señal de muerte inminente, o tal vez de locura o pérdida de control inmediatos. Cualquier sensación corporal que no comprenden, es para ellos (los panicosos) señal de que sobreviene la catástrofe: un mareo es señal de un ataque cerebral, las palpitaciones u opresión en el pecho son señales de ataque cardíaco inminente, y así sucesivamente. Tienen muy escaso contacto consigo mismos, de modo que ante la pregunta “¿qué te ocurrió un rato antes del ataque?” la respuesta es siempre “nada”.

Tienen gran dificultad de relacionar los hechos de la vida con sus respuestas emocionales.

Si se les pregunta qué cosas hicieron ayer, no recuerdan los detalles, sólo algo global; pero si les preguntamos cómo se sintieron ese día, explicarán con lujo de detalles todas las sensaciones corporales que tuvieron, a qué hora, y cuánto duró. (yo les digo que hablan en su idioma, el “paniqués”).

¿Qué diferencias hay con la hipocondría? Básicamente dos:

1) Los hipocondríacos se preocupan sobre todo por cosas del cuerpo, como manchas, ganglios, nódulos, pecas, pérdida de peso, dolores. En cambio los panicosos se preocupan por las funciones autonómicas del cuerpo, como la frecuencia cardíaca, mareos, transpiración, nudo en el estómago, garganta seca, etc. Son cosas que están fuera de nuestro control, por eso se llaman autonómicas. Si el hipocondríaco observa obsesivamente sus pecas o ganglios, éstos no crecen por el hecho de observarlos, mientras que las sensaciones autonómicas del pánico sí crecen al estar el sujeto pendiente de ellas todo el tiempo, lo que provoca el fenómeno de la bola de nieve, creciendo más y más hasta llegar a producir un ataque de pánico, cosa que no ocurre con el hipocondríaco porque la mancha no se modifica.

2) El panicoso no cree estar enfermo, cree que vendrá una enfermedad fulminante si se descuida, en cambio el hipocondríaco cree ya tener la enfermedad, pero que todavía no se la han descubierto.

Si un panicoso tuvo un ataque de pánico en un restaurante, no puede ir más a restaurantes; lo mismo si lo tuvo en un cine, o un aula de la facultad, etc., con lo cual van limitando más y más su movilidad y su libertad. Suele ser imposible concurrir a shoppings o hipermercados, lo explican como que hay mucha gente y se complica la salida, por la cola en la caja, etc. Pero hay otro motivo que desconocen: son muy sensibles a la falta de aire.

En la población general, la estadística muestra que 0,15% de casos tuvo un episodio de asfixia en la niñez con piletas, almohadas, etc. En cambio en estudios hechos en panicosos, 16% de ellos tuvieron esos episodios.

Ahora bien, en los shoppings e hipermercados hay un sistema de ventilación a circuito cerrado, con una proporción de CO2 mucho mayor que lo habitual, lo cual les provoca sin saberlo, una alarma de asfixia, por tener el centro respiratorio hipersensible por su historia de asfixias.

Tratamiento efectivo con Terapias de Avanzada

En cuanto al tratamiento, no hay que dejarse deslumbrar por la medicación: al cabo de cinco años, 55% de ellos recaen y vuelven a tener los ataques de pánico.

Lo más eficaz es la Psicoeducación, seguida de la aplicación de las Terapias de Avanzada®, que consiste en una explicación coherente y genuina de las causas de cada una de las sensaciones corporales, y de los pensamientos catastróficos, así como la compresión de la(s) situaciones(s) que desencadenaron su primer ataque, hasta que le parezcan lógicas y comprensibles que hayan desencadenado ese tipo de reacción emocional: eso evitará que vuelva a ocurrir.

Con estas novedosas y revolucionarias técnicas esta enfermedad se cura definitivamente en menos sesiones que los dedos de una mano.

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